Del “No hay plata” al cierre: se fundió la fábrica de los caramelos que "homenajeaban" a Milei
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Tras un fuerte desplome en el consumo y conflictos salariales, la histórica firma santafesina notificó que tuvo que traspasar su planta a un grupo porteño.

“No hay plata”: de slogan viral a símbolo de una crisis industrial
La historia de los caramelos “No hay plata” se convirtió en una metáfora de la situación económica y productiva de la Argentina. En diciembre de 2023, apenas cuatro días después de la asunción presidencial de Javier Milei, una histórica fábrica de golosinas de Rafaela, Santa Fe, decidió aprovechar el impacto del discurso de ajuste económico para lanzar una línea de caramelos denominada “No hay plata”. La idea, con un guiño humorístico al momento político, buscaba capitalizar la frase que resumía la nueva política económica del gobierno nacional.
Inicialmente, el producto tuvo difusión en las redes y llamó la atención del público por su tono irónico; sin embargo, con el avance de 2025 la realidad no acompañó la estrategia. La caída del consumo y la retracción del mercado interno golpearon a la empresa, que comenzó a enfrentar dificultades financieras severas. La contracción de las ventas derivó en la suspensión sin goce de sueldo de alrededor de 60 trabajadores, una señal de tensión laboral en medio de costos crecientes y menores ingresos.
En febrero de 2026, tras meses de incertidumbre económica y conflictos laborales, los dueños del grupo decidieron vender la fábrica, poniendo fin a décadas de producción en la región. La empresa, con más de 80 años de trayectoria en el rubro de golosinas y reconocida por marcas tradicionales, fue rematada en medio de deudas, retrasos en el pago de salarios y un contexto de fuerte recesión en la industria.
La ironía del caso es que una estrategia que inicialmente vinculó el producto con el clima político terminó siendo un índice más de las dificultades del sector productivo argentino. Los caramelos “No hay plata”, en lugar de convertirse en un éxito comercial, simbolizan las tensiones entre marketing, economía real y desgaste del consumo interno en tiempos de ajuste económico.
















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